La muchedumbre escucha con recogimiento las palabras que se oyen por los altavoces. Palabras del cardenal y de los poetas, palabras de los obreros y de los líderes de ”Solidaridad”. Jóvenes, boy-scouts, mujeres mayores de luto, obreros y funcionarios, todos están allí.
Recuerdan el Junio, quieren recordarlo. Pero también quieren oir, lo desean vehemente, que ahora ya nadie corre ningún peligro, que ahora podrán decir en voz alta lo que piensan. Y que nadie les engañará. […]
La ciudad recupera su dignidad. La gente lee las palabras de la verdad, mira las exposiciones de fotografías, oye hablar de los culpables y de las víctimas. Y sabe, sabe perfectamente, que precisamente este hecho - de que se pueda hablar en voz alta y opinar públicamente - es la mejor garantía para el futuro. Es la mejor barrera para que no se repita la tragedia. […]
Toda la ciudad de Poznan sabe perfectamente que las flores depositadas bajo el monumento, bajo las lápidas conmemorativas y en las calles que ahora llevan nombres nuevos, son un acto simbólico de homenaje y fe de todos los polacos. La verdad constituye la dignidad y la posibilidad de éxito en el futuro.